El embargo de Estados Unidos contra Cuba es una de las medidas que más veces ha sido rechazada en la Asamblea General de la ONU, donde cada año desde 1992 se aprueba una resolución en su contra.
La resolución de condena ha obtenido en los últimos años un respaldo casi unánime: el pasado 23 de junio, cuando fue votada por última vez, contó con el apoyo de 184 de los 193 miembros de la ONU.
Su resultado más contundente, no obstante, lo obtuvo en 2016 cuando sumó 191 votos a favor y ninguno en contra, pues incluso el gobierno de Estados Unidos se abstuvo de defender su propio embargo.
Las razones para condenar el embargo varían y más que un espaldarazo al gobierno cubano en muchos casos -como el de Reino Unido y otros países europeos- responden más a un rechazo al hecho de que Estados Unidos pretenda limitar la posibilidad de que empresas de otros países hagan negocios con la isla o a que el embargo sea visto como un peligroso precedente de medidas unilaterales coercitivas.
Tras las inéditas protestas ocurridas el pasado domingo en varias ciudades de Cuba exigiendo comida y medicinas, pero también «libertad» y el «fin de la dictadura», el gobierno de Miguel Díaz-Canel apuntó hacia el embargo estadounidense como la raíz de los males que aquejan a la isla.
«Aquí lo que nosotros necesitamos es que se retiren las 243 medidas de bloqueo adicionales y se derogue el bloqueo. Es lo único que demanda Cuba», dijo el lunes Díaz-Canel en una transmisión en televisión y radio.
El gobierno cubano anunció el miércoles la eliminación temporal de las restricciones aduaneras a medicamentos y alimentos, en un intento de apaciguar el descontento que las citadas protestas pusieron de manifiesto.


